EL SABER QUE ARMA LA PAZ

La guerra, la verdadera, no se libra por territorios, sino por sentidos: ¿Quién decide qué es vivir? ¿Quién reparte el derecho? El conocimiento no es neutral. O sirve para liberar, o se vuelve un amo silencioso. Por eso, los laboratorios deben abrirse al pueblo, las bibliotecas salir a la calle, y las aulas enseñar a desobedecer. La juventud no necesita más banderas: necesita brújulas. No más himnos, sino lenguas vivas. No más órdenes, sino preguntas. Porque la victoria no será conquista, sino comprensión. Y solo venceremos cuando todos podamos descansar sin miedo bajo el mismo cielo.

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